domingo 8 de noviembre de 2009

Fantasmagoría: Sombría disertación una cálida mañana de invierno




Hay un silencio espacial en la habitación, y sin embargo un estruendo de sombras vírgenes revolotean en mi pensamiento:

Las escaleras del edificio subían desde el infierno de las obras hasta el cielo del rellano de los amantes. Están allí, no me oyen. Pareja rubia, medio desnuda, rodeados de fantasmas que habitan los pisos de persianas arrancadas, enmascarados un 5 de Noviembre.
Los peldaños formaban una pasarela sobre el abismo de la soledad, y caminaban como actores polacos de un circo encantado sobre el ardor del paraíso. Sobre la región del sueño. Corta velada de gemidos, sudor y risas. La demencia del amor prohibido se oculta detrás de la máscara de personajes de papel: ella, Claudia Christiani; él, V...

La sustancia de los anhelos.

domingo 1 de noviembre de 2009

Diario ABC -Artes y Letras- Libros




Palabras xordas para oídos necios, David Durán Arufe.


-Un poemario hebén con manual de instrucciones para ser recitado-



Resulta este Palabras xordas para oídos necios todo un canto amebeo que nos devuelve a la guturalidad del habla, a esa emanación oscura o clara de la palabra, pero anterior a la palabra como diría Umbral. La música. Decía Leo Ferré que la gente apenas lee poesía, siendo la música la única ayuda que le queda a la poesía para llegar a su meta. David Durán parece seguir la estela de este pensamiento con su poemario orientado al recital público, a la liberación de los versos de la propia tipografía trascendiendo la lectura privada al concierto coral de las dos voces sugeridas por el autor. Un planteamiento que exalta la prosodia, el juego rítmico (“Este libro é unha exploración do ritmo interno das palabras”) y el valor de ese arte que se esconde detrás de la provocación del estremecimiento a través de la caricia de la voz. Este tratamiento de la poesía integrada a otros lenguajes expresivos (el musical y el audiovisual) no es nada nuevo para aquellos familiarizados con la poesía gallega contemporánea, la cual desde la aparición de poetas como Yolanda Castaño o Agustín Fernández Mallo (salvando las distancias) ha trascendido a lo meramente literario para llevarnos a través de las nuevas tecnologías hacia algo más parecido a la perfomance, un destino pseudoteatral que parece compartir David Durán con este poemario. No es sencillo renovar o innovar de manera original en el sistema poético actual gallego, y da la impresión que nuestros autores, en un periodo de crisis que parece afectar también a los versos, han optado por (re)inventar un siglo de oro de la creación poética audiovisual sólo en su plano formal. El problema de centrarse en el continente es cuando se pierde la perspectiva del contenido.

Prescindida la métrica y la rima, en estos cinco estudios para dos recitadores que priman el tempo, ritmo, compás y melodía, David Durán realiza un ejercicio de estilo ejemplar y ejemplarizante en el campo de la musicalidad con sus versos, demostrando el rigor académico de un autor que es brillante músico y compositor además de actual director del Conservatorio Profesional de Música de Santiago. Los cinco estudios vienen precedidos por una suerte de manual de instrucciones, donde se advierte que los poemas han sido “escritos para seren lidos, idealmente, por dous recitadores, aínda que tamén é posible facer unha lectura individual para cada quen de xeito habitual”. Toda una declaración de intenciones de un director de orquesta en su ópera prima que deja bien atado con este prólogo el devenir del recital, ya que indica para el tipo de lectura ideal desde el tiempo de duración (15 minutos) hasta la pronuntiatio que han de seguir los recitadores (ayudados por un glosario de términos que facilita la lectura final).

Hay delicadeza formal en este poemario. Una consonancia estilística acorde a las leves sugerencias rítmicas y musicales conseguida a través de recursos tales como la repetición o los juegos fónicos (“SS sss teño unha...sss sss carai que...”). Cinco estudios poéticos, dispuestos en clave musical como si de una partitura se tratara, en los que el yo poético (desdoblado idílicamente en un coro bimembre) habla de la incomunicación (tema principal que da pie al título con la gracia mareante del juego de palabras) y de la soledad en primera instancia, pero también recurre a otros temas como la contemplación y la reflexión, centrándose en la observación de la naturaleza o en momentos de autoconocimiento. El sentido sonoro del texto no se deja de lado en ningún momento, merced a recursos de efectos sensoriales que van más allá de lo fonético y fonológico, llegando al poder de evocación de las palabras y de los campos léxicos conjugados (ecos, goteos, toses, silencios, estruendos, orejas, discurso, gritos, palabras) o utilizando procedimientos de las vanguardias surrealistas como la sucesión de imágenes y la ruptura lógica del discurso poético (“Cada burbulla porta un son eco das miñas palabras e silencios, que para vós se baleiran no baleiro, finalmente baleiros da burbulla e de sentido”), a veces usando la figura surrealista por excelencia: la sinestesia (“tose de vidro oxidada”, “estrondoso silencio”). Pero el clímax de esta supresión del significado se encuentra en el tercer estudio (cima en la dispositio textual), momento en el que el poeta deconstruye todo formalismo textual para dar paso a unas secuencias silábicas repetitivas carentes de cualquier significado (“tá go son tá go son tá ta ta ta ta ta”).

Sin embargo este libro tiene sus carencias. Y no son, como ya se ha expuesto aquí, de carácter formal. La calidad de la edición de este poemario por parte de tresCtres es indudable (desde el DVD que se incluye y recoge la interpretación por parte del autor y Ton Risco de los cinco estudios hasta el diseño interior del volumen y las ilustraciones que acompañan al texto, obra de Cristina Durán Arufe), y el mimo musical del autor está lejos de toda duda. Pero todo este preámbulo a lo nuclear de la obra (los versos) aumenta unas esperanzas que, sin embargo, al ver el resultado literario no complace todas las expectativas del principio. Es el déficit de lectura lo que cojea en Palabras xordas para oídos necios. La disgregación de versos, que acaba por hacerse monótona, termina en una retahíla de imágenes fútiles que peregrinan sin más trascendencia que la de la simple evocación verbal, alejada de todo contenido, más bien albergada en una débil estructura sujetada por la musicalidad preponderada por el autor. La preocupación hebén del poeta en esta breve obra gira alrededor de la percepción de la realidad manejada por un mundo de ruidos y silencios. Frente a esto, lo que se sugiere es la posibilidad de contrarrestar la mudez impuesta por la sociedad, el superar la pérdida de la palabra del estudio III.

Pachu M. Torres

Diario ABC -Artes y Letras- Libros

HEXED. LA MARCA DE LUCIFER

“Avivando un sabor agradable a cómic, Emma Ríos nos transporta a un mundo de acción y magia negra con el mejor de sus trazos”

Michael Alan Nelson & Emma Ríos. 104 págs. Rústica. 15,7 x 24 cm. Edición en gallego y castellano. PVP:16 €

Leer algo de Emma Ríos (Vilagarcía de Arousa, 1976) siempre resulta estimulante. La evolución de esta autora no deja de sorprender, desde aquellas primeras historias publicadas en fanzines, su A prueba de balas (autoeditado a través del colectivo Polaqia), las breves historietas aparecidas en las revista Dos Veces Breve o en la antología Los Reyes Elfos (Historia de Faerie II) hasta su más reciente creación: el Amadís de Gaula (editorial SM) o su trabajo en la Marvel Cómics con el personaje del Doctor Extraño en Strange. Pero sin duda el punto de inflexión en la carrera de esta licenciada en arquitectura y autodidacta en lo que al cómic se refiere se produce con su incorporación al equipo creativo de Hexed en el año 2008, un proyecto de Boom! studios que le surgió a raíz de los elogios del guionista Warren Ellis, quien la descubrió gracias a su trabajo en la web.

Llevamos algunos años en los que estamos viviendo una edad dorada del cómic gallego y es indudable que la cantera del país produce ahora mismo tebeos de una calidad comparable a la de cualquier sistema historietístico de peso (véase el francés o el norteamericano), como es el caso de esta creación de Emma Ríos. Su trazo, destacado por esa equilibrada y dinámica composición (además de su acertada combinación de colores) aúpa su gran capacidad narrativa, entrelazada al ya mencionado dinamismo en la acción y a la representación de gestos y sentimientos (deudora de la tradición manga, de la cual reconoce tener como referente a la hora de trabajar). Junto con David Rubín, constituyen estos dos autores la punta del iceberg de una capacidad creativa galaica lejos de toda duda.

Pero yo iba a hablar de la miniserie Hexed, que descubrí un día de distendida conversación en la librería Komic de Santiago, casi en el agitado preámbulo en que las puertas de Viñetas dende o Atlántico iban a ser abiertas a los visitantes. Y en ese rebumbio cuadró la aparición de esta obra traducida al lector español. Imposible no detenerse ante los elegantes y atrayentes trazos de esa portada de tonos rojizos, la cual recuerda en un primer instante al mejor Paul Pope, y que sirve de premonición a la calidad del producto que se esconde tras esa primera fachada. Abre pues el lector la portada de este cómic y tiene la impresión de que hay algo más que un simple aglutinado de viñetas: los autores juegan con la bisutería verbal del uso de títulos para cada uno de los cuatro episodios que componen esta miniserie, dándole un aire más dantesco al libro y sugiriendo desde ese primer instante la necesidad de tener un curso de demonología para saber de qué se nos va a hablar (“Onde Lucifer consegue unha mascota e se da un baño”), aunque este laxo recurso literario sirva de prólogo a una historia que narra de manera distendida la historia de una chica joven (Lucifer) que se dedica al robo profesional, hurtando preciados objetos mágicos y trabajando al margen de una sociedad en la que ella y los de su clase son tratados como escoria. Las aventuras de Lucifer combinan elementos fantásticos con grandes dosis de acción frenética en un andamiaje textual de temática sobrenatural, en la que veremos cómo se mezclan en el plano de la realidad personajes imposibles como el demonio voyeur Rufus o la Hetera (personaje lovecraftiano revisionado por la autora con una estética similar a los yurei japoneses).

En Emma Ríos el dibujo es una respiración o la misma piel de la historia. Gracias a la calidad de la creadora gallega el cómic gana enteros, ya que el guión de Michael Alan Nelson resulta particularmente básico. La historia en ocasiones suena a déjà-vu (no innova ni se escapa de tópicos); todo suena a visto y leído, pero siempre se agradece el reencuentro con ese apasionante trazo de la dibujante. Es el talento expresivo, el estilo de esa figura protagonista, los matices de los sentimientos y las sutilezas de los estados de ánimo reflejados en las miradas o los gestos lo que dan un trasfondo a la narración literaria. Viendo el impresionante trabajo visual y la complejidad gráfica que ha desarrollado Emma en Hexed, se deduce quién ha dedicado mucho esfuerzo, ilusión y cariño a este proyecto.

Por otro lado, ya se va calmando el revuelo que armó la edición del cómic en España por parte de Patito Editorial (que viene de ganar gracias a su trabajo en el mundo editorial el Premio Cidade de Ourense con motivo de la celebración de las Jornadas de Banda Deseñada), una edición que es de agradecer por su mimo a la hora de presentar en dos ediciones la obra de Emma Ríos (una en castellano con portada de Paul Pope y otra limitada en gallego, con las cuatro portadas de Emma Ríos), pero que como decía, obtuvo fuertes críticas debido a su alto coste (16€) sobre todo al compararse con la edición americana del mismo cómic.

En todo caso, a pesar de sus luces y sombras, es una obra altamente recomendable para cualquier amante del cómic de temática sobrenatural y de acción frenética, y cómo no, es una gran manera de acercarse a uno de los mejores trabajos de esta autora gallega a la que le espera un futuro lleno de éxitos a tenor de lo observado en estas páginas y en el reciente Amadís de Gaula. Su estilo euroshojo se está abriendo a distintos terrenos narrativos (superhéroes, fantasía, libros de caballerías...) sin perder un ápice de talento, con sus ya reconocibles trazos suaves, delicados y curvilíneos aderezados con un color plano y sencillo en el que predominan los tonos pastel y los colores cálidos. Su narración híbrida entre los recursos estructurales del cómic europeo y el ritmo o encuadres sacados del mejor manga consigue sacar las castañas del fuego de lo que hasta ahora ha sido la mayor lacra de esta artista: los guionistas con los que colabora.

Para seguir las novedades de Emma Ríos, así como para observar de primera mano los pasos creativos de algunas de las planchas de Hexed, podéis dirigiros a su blog:




Pachu M. Torres




http://www.abc.es/20091029/nacional-galicia/hexed-marca-lucifer-200910291411.html

domingo 5 de julio de 2009

Probando un nuevo pincel a medianoche

Se acabó. Ya es mañana.

Había tres hombres vestidos de arlequines. Y una mujer que se alimentaba de las metáforas. Les gustó el olor de su pantalón y se pusieron a olisquearlo. Levemente oscuras las caras, sonrieron y se acercaron. La periódica serie de hechos que tuvieron lugar en ese callejón culminaron en hipocresía. Vista de cerca, la escena abundaba en inútiles lamentaciones y en repeticiones monocromáticas. Sólo se articulaban las primeras letras del abecedario.


Y entonces cayó del cielo.


viernes 26 de junio de 2009

6 WAYS OF JUSTICE (coming soon)



Mientras voy acabando las páginas de este cómic, escrito por mi buen amigo Adolfo, estoy preparando las clases de Lengua Española y Literatura Medieval que impartiré estos meses de verano a un grupo de norteamericanos dentro del programa de Cursos Internacionales de la USC. Entre medias, un grupo de profesoras de Filología me ha vuelto a contratar para que el curso que viene ilustre unos cuentos para niños. Así que con todo este ajetreo de novedades y trabajos pendientes (el diseño de una camiseta para promocionar el nuevo cd de Pito de Pikasso o la animación de un cuento para una psicóloga compostelana) creo que pasaré por la farmacia para autorrecetarme tranquilizantes, que combinan muy bien con la dosis diaria de cafeína...

lunes 15 de junio de 2009

Panegírico al Abrigadoiro


Los que vivan en Santiago de Compostela (o hayan visitado la ciudad alguna vez) probablemente conozcan esta taberna situada enfrente a la Alameda compostelana.
La adega está como en tiempos de mi abuelo; no cambió cosa alguna. La noria, las mesas, a lareira, los barriles, la gente. Siquiera ese olor y ese aire tan característico cambió con el tiempo, conservando en él el mundo de historias que allí llegaron. Cientos de biografías, en una biblioteca invisible, que dan noticia de otras tantas existencias (Suso de Toro, Camilo José Cela, David Rubín...). Algo hay en el aire de aquella tasca que llama por uno. Tal vez una forma de vida vieja, la sugestión de un aquél existencial de siglo pasado,que no dio salto al siguiente.

De pequeño, cuando iba con mi abuelo a las tabernas ourensanas que salían de la Plaza del Hierro, solía llegar un momento en que me aburría y me quedaba dormido entre conversaciones sarcásticas y llenas de amistad. Pero había veces en que se daba una circunstancia aún más feliz que los sueños que vivía: me despertaban las canciones que llegaban de las tabernas. Era frecuente de aquellas escuchar en las noches claras el canto de los amigos en las tabernas o las casas particulares. Mi abuelo era muy devoto de estos cánticos y siempre abría su grave garganta cuando se le presentaba un grupo de amigos pidiendo vino para su son. Despertar de noche en aquellas sillas (colocadas hábilmente para poder tumbarme) por las voces de aquella gente siempre me pareció una forma de felicidad como pocas se pueden experimentar, y me tengo preguntado, cuando evoco esos momentos, dónde radicará la razón de aquel placer, el por qué de aquella sensación de que al mundo no le faltaba nada. No sé qué mecanismos subconscientes podría activar en el niño la presencia de unos hombres cantando en el bar, como para que la vida cogiese el sabor de la gloria.

Después de la desaparición (o extinción) de los hombres que cantaban, se hizo un gran silencio en el mundo. Hasta que un día, paseando por la calle, me encontré con las canciones que llegaban del Abrigadoiro; notas cantarinas de un coro que entraban por las ventanas de los vecinos y revoloteaban por toda la calle llegando hasta la arboleda. Yo me quedé en la dulzura de la acera, entre la puerta de la taberna y la boutique de ropa. Pasaban parejas riéndose. Pasaban veteranos empresarios hablando de sus números sin percatarse de la banda sonora callejera. Pero aquel atardecer de verano sólo existía para el niño, que echaba una mirada a sus fantasmas.


O Abrigadoiro, en síntesis, conserva su microclima, con su atmósfera de aliento y humo finisecular, con aquel reservado suyo donde priman los manteles de hule que, de tan domésticos de olor y color, poseen el subconsciental efecto de mitigar la morriña que los universitarios novatos tienen de sus casas. Los veraneantes, sin embargo, devoran sobre todo los chicharrones, tablas de embutidos y tortillas de patatas, mientras que con gracia forastera, el albariño les inspira unas risas y gracias mareantes.

Es por estas razones, y por mil más, aunque sobre todo la amistad que me une a sus dueños, que cuando me pidieron un dibujo que adornara sus paredes no pude negarme a tal petición. ¿Cómo ellos sabrían que aquel abuelo que me crió en esos ambientes de comunicación humana me había dejado como legado una acuarela en memoria de ese lugar vivificante? Así pues, cuando hoy les entregue la petición que me hicieron hace algún tiempo, les daré también una parte de mis recuerdos.



POSDATA:

Él decía siempre que lo primero que le da aroma y sabor al vino es la conversación del amigo. Por lo menos esto es lo que pensaba cuando estaba en este mundo.
- Y en el otro también- me pareció que susurraba una sombra.

lunes 8 de junio de 2009

David Lynch: La alquimia del surrealismo

Si alguien me pregunta a quién considero una de las personas más influyentes en mi modo de trabajar, sin duda ese es el que da título a esta entrada: David Lynch.
Su obra, pese a lo que digan sus detractores, no es tan abstracta, tan rara ni tan inexplicable, y no es esta triple adjetivación excusa para evitar descifrar todos los misterios que envuelven sus creaciones. Mantenía esta noche una interesante conversación con Pepo Pérez sobre las virtudes de las obras de este autor, y coincidimos en que es el suyo un cine capaz de emocionar a pesar de que nuestro consciente nos impida creer que intuimos la historia. Resume nuestros pensamientos la siguiente cita extraída del libro de Lynch Atrapa el pez dorado (página 30):

"A veces la gente se queja de que les cuesta entender una película, pero yo creo que entienden mucho más de lo que creen. Porque todos hemos sido bendecidos con la intuición: todos tenemos el don de intuir cosas. Habrá quien diga que no entiende la música; pero la mayoría de las personas experimentan la música de manera emocional y estarían de acuerdi en que la música es una abstracción. No necesitas expresar la música en palabras: la escuchas. El cine se parece mucho a la música. Puede ser muy abstracto, pero la gente ansía darle un sentido intelectual, traducirlo a palabras. Y cuando no pueden hacerlo, se sienten frustrados. Pero si lo dejan expresarse, pueden encontrar una explicación interior. Si comentan la película con los amigos enseguida ven cosas: qué es esto, qué no es lo otro. Y tal vez coincidan o discrepen con ellos, pero ¿cómo pueden discrepar o coincidir si no saben nada? Lo interesante, pues, es que ya saben más de lo que creen. Y al expresar en voz alta lo que saben, lo ven más claro. Y cuando ven algo, pueden intentar aclararlo un poco más, y de nuevo, contrastarlo con un amigo. Y tal vez lleguen a alguna conclusión. que sería válida."

Os dejo unas ilustraciones que hice inspirado en algunos de sus films:

Twin Peaks (la serie televisiva que revolucionó el género)
Carretera Perdida (Dick Laurent está muerto...)
Mulholland Drive (la escena del Club Silencio me sigue poniendo los pelos de punta)
INLAND EMPIRE (la escena de los conejos es de una serie de cortos que realizó previamente al film, y que luego engarzó con cierta gracia mareante. La ilustración tiene unas dimensiones de 594 × 420, por lo que le tuve que sacar una foto y su resolución no es muy buena...)





 
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