



Liberado de la gravedad y la antropometría de los espacios, presenta David Pintor su último cuaderno de viajes: “Compostela” (Kalandraka, 2010), libro que recoge la mirada personal del autor sobre la capital gallega con un estilo naïf y onírico

Avivando un agradable sabor a café abre uno este libro de David Pintor. Y, efectivamente, se disfruta plenamente con el aroma de esta bebida tal y como recomienda el autor. “Compostela”, último cuaderno de viaje publicado por el dibujante gallego, presenta 33 ilustraciones en formato apaisado que captan la visión personal de los lugares más emblemáticos de la ciudad que da nombre al libro: la plaza del Obradoiro, la cafetería del Hostal de los Reyes Católicos, el arco de Xelmírez, la Catedral de Santiago, la Capilla de San Francisco, la Facultad de Periodismo, la Avenida Xoan XXIII, el jardín del Hotel Costa Vella, la calle de las Campanas de San Juan, la calle Jerusalén, la Plaza de la Quintana, la cafetería Literarios, la plaza de los hermanos Gómez, el Centro Galego de Arte Contemporánea, el parque de Bonaval, la plaza de Fonseca, la plaza de la universidad, la plaza de Mazarelos, el arco de Mazarelos, la cafetería Derby, la rúa Nova, la rúa do Vilar, el callejón Entrerrúas, la travesía del Franco, la Puerta Faxeira y la Alameda.
Las ilustraciones panorámicas a doble página exploran los cotos del centro compostelano reproduciendo no solamente la euforia de los grandes espacios, sino también vaciando de personas la atmósfera santiaguesa. Si bien uno de los significados de la palabra ‘espacio’ es el vacío, el espacio exiguo se ve casi automáticamente como un espacio lleno. Así, las calles y plazas aparecen despejadas y sólo el propio autor pasea libremente por estos escenarios naïfs, libres de cualquier sombra extraña, llenándolo todo. Un dandy valleinclaniano de sombrero y bufanda dibuja en su cuaderno los paisajes coloridos que se le presentan bajo una constante lluvia dorada de hojarasca con forma de corazón. Unas estampas que dan una representación opuesta a la estereotipada por el tiempo. La Compostela de David Pintor no es la de los peregrinos, la lluvia o el santo, sino la ciudadela de trazo fino y apurado, de colores apagados y manchados, que evocan unas dotes de observación ciertamente ensoñadoras. Las anotaciones en el cuaderno de viajes captan una experiencia sensorial que algunos tildan de realismo mágico, pero que no deja de ser de una imaginería profunda y desdibujada que proyecta una atmósfera suavizada. En todo caso el lector/observador se encontrará otra Compostela; una visión renovada y enriquecida (no por ello opuesta a la realidad), una ventana a través de la cual determinados escenarios que para otras personas podrían ser considerados como normales David Pintor los imagina oníricos y estrafalarios (limpio calificativo de todo carácter peyorativo), derivando casi en un diario íntimo de luces suaves y frías. La soledad paradójica que destilan las páginas se impregnan por la aparentemente sencilla ductilidad y calma que logra el autor, representando la ciudad antropomórfica en ese umbral del espacio imaginario y el espacio que habitamos. Da igual que sean las amplias plazas coloreadas como lagos o las superficies de los tejados que sirven para mecer hamacas que se abren a abismos de paradojas. El espacio representado en este cuaderno es la transición a la elevación artística de un espacio real, ya de por sí artístico.


Entre las figuras y los carteles del escaparate sobresalía un libro de cubiertas rojas. Era uno de esos volúmenes que ahora con más frecuencia empiezan a salpicar las librerías de cómics: literatura clásica adornada con la narración gráfica de ilustradores patrios. Algo que lleva tiempo haciendo por ejemplo la editorial Zorro Rojo con gran acierto y que ahora tiene en la editorial Astiberri un nuevo competidor en este nicho de mercado. Aquella tarde un sol casi pecaminoso iluminaba la última novedad de esta colección, mostrándola casi como una reliquia entregada a la voracidad de los fans de David Rubín (sólo con leer el apellido de este ilustrador ourensano ya se le hace a uno la boca agua y provoca el irremediable deseo de saborear las páginas interiores).
El volumen contiene en 290 páginas todo el universo literario de Solomon Kane, personaje creado por Robert E.Howard (también creador de uno de los más recordados héroes de la banda diseñada: Conan el bárbaro) en los albores de 1928, bajo el influjo de los universos de la fantasía y el terror en la más pura tradición de Poe o Lovecraft. Los 8 relatos de aventuras de Kane aparecieron publicados en revistas Pulp de la época como Amazing Stories o Weird Tales, donde se narraban los viajes de este antihéroe a través de
Consiguió Rubín que se hiciera muy visualizante cada punto estratégico de los cuentos con su estilo sencillo y fluido. Jugando con la aparente sencillez del empleo del blanco y negro y cierta escala de grises, transporta al lector a un deleite visual de 42 ilustraciones con alma recluidas en intervalos a menudo regulares de dos páginas. Su versión de los personajes y de los espacios narrados ponen un poco de surrealismo en esta época de devastadora realidad y demuestran la evolución del dibujante que mejora su estilo volviendo a sus orígenes: el blanco y negro. Me gusta esa reminiscencia a Jack Kirby que desprenden los diseños, la agresividad velada del empleo de las tintas negras, la lograda gesticulación del protagonista y el dinamismo de cada escena retratada, las composiciones... Una excelencia gráfica que se entiende no sólo por la calidad del artista sino por la propia situación de la encomienda que se le hizo a la hora de trabajar en este proyecto: “Normalmente en tu trabajo como ilustrador te limitas a llevar a imágenes textos o ideas que previamente te encomiendan, el que el ilustrador elija el texto que quiere ilustrar es algo casi inaudito, de ahí mi sorpresa al recibir el encargo, y mi alegría.”, y que al final transmite la sensación de que Rubín vacía toda la narratividad de las historias y la transporta a sus elocuentes imágenes, regalando al lector esta suerte de edición definitiva de los cuentos de Salomon Kane.







"De Ezequiel, 25-17: El camino del hombre recto está por todos lados rodeado por la avaricia de los egoístas y la tiranía de los hombres malos. Bendito sea aquel pastor que, en nombre de la caridad y de la buena voluntad, saque a los débiles del Valle de la Oscuridad. Porque ÉL es el verdadero guardián de su hermano y el descubridor de los niños perdidos. ¡Y os aseguro que vendré a castigar con gran venganza y furiosa cólera a aquellos que pretendan envenenar y destruir a mis hermanos!


